lunes, 19 de enero de 2015

Lugares prohibidos


Se puede explicar la memoria como la expresión de que ha ocurrido un aprendizaje. Es un fenómeno por el que se almacenan experiencias pasadas gracias a las conexiones entre neuronas. Nuestro cerebro contiene unos cien mil millones de neuronas, lo que hace que seamos incapaces de saber exactamente cual es nuestra capacidad de memoria. 

Lo que es indudable es que nuestro cerebro nos sorprende a cada instante haciendo uso de esos recuerdos que almacena en algún rincón y que aprovecha cualquier pequeño indicio para provocar en nosotros un alud de sensaciones y emociones.

A menudo me sorprendo proyectando imágenes mentales de momentos y situaciones vividas motivados simple y llanamente por una melodía, por un olor, por un sabor... Y es inevitable.

En otras ocasiones al pasar por un lugar concreto se desencadenan dichos recuerdos, algunos más alegres que otros, pero recuerdos de un pasado que cada día que pasa se ve más lejano. 

Existen lugares prohibidos, por los que evito pasar para no provocar ese torrente de nostalgia, para evitar sentimientos de añoranza, de cariño, de emociones en algunos casos enfrentadas. 

¿A quién no le sucede esto?


También se da el caso de provocar de manera voluntaria esa situación, de obligarme a recordar por varios motivos, pero el principal para rememorar los mejores momentos, las mejores situaciones dadas en esas localizaciones. Pudiera sonar como una manera de masoquismo mental y emocional, porque el recuerdo implica una emoción, pero en mi caso prefiero verlo como un tributo a quien quería que fuera muchísimo más de lo que al final fue. Quien lee muchas de mis publicaciones en este blog podría decir que tendría que pasar página, incluso que podría estar un tanto obsesionado, y hasta cierto punto es así, se supone que he pasado página, al menos en mi día a día me enfrento a la vida desde una página nueva, en blanco, pero no puedo evitar que mi memoria evoque esos recuerdos, y tampoco me rindo a olvidar algo por lo que me esforcé.


Los lugares prohibidos seguirán para siempre ahí, y puede que algunos los vuelva a ver con otros ojos, pero te garantizo que habrá otros que además de prohibidos, son sagrados, son rincones que compartí con alguien a quien amaba y que si los vuelvo a frecuentar será en soledad, de la misma manera que afrontamos nuestras visitas a los más sagrados lugares de nuestro camino.

¿Cuáles son tus lugares sagrados?

Una playa, un restaurante, un parque, un cine.... los míos los tengo claros.




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