sábado, 25 de julio de 2015

Recuerdos

"Los buenos recuerdos son los que más duelen"

Aunque mi experiencia peregrina se limita única y exclusivamente a una sola peregrinación haciendo el Camino de Santiago, no puedo obviar la fecha de hoy, fiesta del Patrón y día grande en Galicia.

compostelavirtual.com

Con anterioridad ya había visitado Santiago de Compostela y había presentado mis respetos al Santo, siendo ignorante del fluir de visitantes que acudían tras haber recorrido cientos de kilómetros, permaneciendo ajeno al trajín y a las emociones que, en la Plaza del Obradoiro acontecían, algo que permaneció así hasta que mis propias emociones se vieron desbordadas aquel día que, con ella delante, llegamos al "kilómetro cero" cruzando el pasadizo en forma de túnel desde la Plaza de la Inmaculada y al son de una gaita, algo imposible de olvidar, al igual que las lágrimas, que de forma incontrolable y espontánea asomaron en nuestros rostros.

Las emociones, indomables ellas, forman parte de nuestro día a día, constituyen la base de nuestra esencia como seres humanos. A veces las intentamos enmascarar, ocultar o incluso negar, pero lo peor que nos puede pasar es dejar que sean el orgullo y la soberbia los que entierren a las emociones más puras y sinceras que podamos tener.

Lo siento. Perdón. Gracias. Te amo.

Qué difícil cuando el orgullo nos ciega, cuando gestionamos mal nuestros sentimientos y nos dejamos arrastrar en esa pendiente que se genera cuando las cosas no funcionan como deseamos, cuando las dificultades son más de las esperadas.

Qué estúpido puede ser uno cuando la frustración y el fracaso nos impiden aceptar que hay algo superior por lo que vale la pena luchar, por lo que vale la pena poner el máximo esfuerzo y hacer los sacrificios necesarios para salvaguardarlo y protegerlo.
Reconozco mi estupidez, reconozco que queriendo tener todo, perdí lo importante. Aún intento descubrir si soy un inconformista, si soy demasiado orgulloso, si soy tan cobarde como para buscar escapatorias banales, para huir justificándome absurdamente, y sobre todo por no tener la paciencia necesaria para sobreponerme a los momentos de dificultad, considerando que estoy en posesión de la verdad más absoluta, algo totalmente equivocado.

Los recuerdos me asaltan una y otra vez, y las reflexiones que hoy me atrevo a expresar no son de ahora, pues rondan mi cabeza un día sí y otro también. Y el miedo a pedir perdón, o mejor dicho, a pedirlo y no ser perdonado, acorrala mi tranquilidad y asalta mis sueños.

Al Apóstol le pido perdón por no haber cumplido mi promesa, aunque en el fondo de mi ser deseo que se haga realidad. Le pido fuerzas para saber vivir con mis errores, para ser mejor persona y padre. Le pido que me muestre las señales del camino para reconducirme, y redescubrirme, porque ya van a hacer dos años que me perdí.

Lo siento, perdón, te amo.



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