sábado, 8 de agosto de 2015

La primera vez

El camino de la vida está lleno de encuentros, de descubrimientos, de sorpresas, de alegrías, de desilusiones, de penas, de lágrimas... está lleno de experiencias que nos hacen sentir vivos, aunque algunas desearíamos no haberlas vivido, pero que inexorablemente forman parte de nuestra experiencia vital.

El camino de la vida está lleno de equivocaciones, de errores, de acciones que hoy en día nos reprochamos a nosotros mismos y que de una manera u otra nos condicionan. Yo me equivoco a diario, meto la pata más de lo que desearía, tropiezo en la misma piedra más de una vez, pues no soy perfecto. Aún así hago esfuerzos en seguir adelante, en intentar no seguir equivocando la senda, pero siento que no avanzo al ritmo que desearía, y sobre todo sé que no estoy en el camino con quien desearía estarlo, y que por vergüenza, por sentir que no estuve a la altura cuando debía estarlo, no me atrevo a dar pasos hacia un nuevo encuentro. 

El miedo podría ser el factor fundamental de mi cobardía, la necesidad de encontrar una señal, aunque fuera débil, apenas perceptible, que infunde en mí el coraje de buscarla. Sí, no soy perfecto y sí, soy un cobarde. Pero busco cada día esa señal que me devuelva al Camino.
Vivo con eso.

Lo bueno que tiene el enfrentarte a los acontecimientos diarios, que nos afectan sobre todo a nivel emocional es que, tarde o temprano, vemos las cosas con más claridad y asumimos nuestra parte de responsabilidad.


No creo que sea malo recordar, no creo que sea malo extrañar, no creo que sea malo desear que las cosas fueran diferentes, no creo que sea malo reconocer las culpas, ni pedir disculpas y sentirse arrepentido por todo ello. 

La primera vez...

Allí estabas, de pie junto a tus amigos, hermosa y radiante... y eso no se borra de mi mente, y tu no te borras de mi corazón.

Hay momentos en la vida que permanecen imborrables, que parecen grabados a fuego en nuestros recuerdos, cual tatuajes evitando ser olvidados, y de manera inconsciente se reviven una y otra vez, quizás en una frecuencia que no es la más adecuada, y no lo puedo evitar, y tampoco quiero.

La primera vez... hay muchas primeras veces, y no olvido ninguna.



14 de agosto, víspera de nuestra Patrona, la Virgen de Candelaria, fechas que no se olvidan fácilmente, fechas que significan algo y que, en mi opinión, tienen una trascendencia mayor. No puede ser casualidad que te conociera ese día, no puede ser casualidad que nuestros primeros mails los intercambiáramos el día de "La Candelaria"... no hay casualidades.








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