viernes, 23 de agosto de 2013

Cuaderno de bitácora (y dos)


La simple visión de tierra firme fue suficiente para que la paz y la tranquilidad sustituyeran al desasosiego y al nerviosismo que en los últimos meses se habían apoderado de cada uno de los miembros de la tripulación.
El paso del tiempo, lento en muchas ocasiones, había provocado modificaciones en algunos de nosotros, esa estancia en alta mar había conseguido desprendernos de aquellas cosas que suponían un lastre. Las vicisitudes de la travesía así lo habían dispuesto. 

Llegar a puerto nos liberó de todos los fantasmas que nos acompañaron durante el viaje, pisar el hogar resultó una gran experiencia, llena de emoción, entusiasmo e ilusión. En la cubierta de nuestro navío quedaban todos los recuerdos de esas noches de tormenta, dónde temíamos naufragar, y dónde la esperanza se disipaba por momentos. Pero también la ilusión y la confianza eran compañeras infatigables de viaje, por lo que se habían ganado un puesto en nuestro equipaje, el cual nos acompañará y nos será necesario en estos días en los que recorreremos la distancia que nos separa del calor del hogar, de tus besos, de tus abrazos, de tu compañía.

Desde el muelle hasta mi lugar de origen, hacia el que me dirijo, supone andar unas jornadas, con los pros y contras que todo camino supone, trayecto que en la desesperación por llegar, motivada por el largo tiempo ausente, puede resultarnos mucho más largo y difícil de lo que realmente es. Paciencia, optimismo, ilusión, esperanza, confianza, valor, fuerza... todos ellos juntos han de darse para hacer de los días hasta llegar a casa, algo más llevaderos.

Las jornadas transcurren entre la ilusión por llegar y los nervios de no poder hacerlo de manera inmediata, pero satisfechos porque hemos sobrevivido a las largas jornadas en alta mar, al calor sofocante, al mar embravecido y a los días sin viento, sin aire fresco... todo eso queda atrás, formando parte de nuestra aventura. Ahora solo queda mirar adelante, avanzar la distancia que nos separa, paso a paso, sin desesperación porque sabemos que allí, al final del camino, nos encontraremos, y entonces avanzaremos juntos, nos aventuraremos en nuevos caminos y en nuevas experiencias.

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