domingo, 11 de agosto de 2013

El caballero de la armadura oxidada

Tras escribir el artículo ¿Por qué?, he sacado de mi biblioteca el ejemplar de un libro de Robert Fisher, libro adquirido en el año 2005, y que desde ese tiempo no leía, pero que es indudable que algo de su contenido se había quedado en mi subconsciente, y a medida que escribía sobre los porqués el recuerdo de este libro afloraba.

Hoy he buscado otro rincón donde disfrutar del silencio, aunque esta vez el mar se escuchaba de fondo, y mientras leía algunas páginas del "Caballero de la armadura oxidada", disfrutaba de unas vistas privilegiadas sobre el Puerto de la Cruz.

Recomiendo leer y descubir dicho libro, pero hoy la inspiración me surge de los primeros capítulos, en donde el caballero ha de decidir entre volver por un sendero que ya conoce, o aventurarse por un sendero desconocido. En el caso del primero, los beneficios se limitan a que regresará a su hogar sin haber experimentado los cambios o transformaciones (me gusta más esta segunda palabra) necesarias para desprenderse de su armadura. Y en el caso de la segunda opción, el sendero no solo es más empinado sino que debe afrontarlo a pie, sin su caballo, y con todo el peso de la armadura. El beneficio de tomar este sendero será el desprenderse de la armadura.

En el Camino de la vida, podemos tomar los senderos que creamos convenientes, bien por necesidad, bien por comodidad, bien por lo que sea. Algunos caminos, los fáciles sobre todo, no suelen aportarnos nada, pero aquellos que presentan más dificultad nos obligan a esforzarnos más, a ser mejores, a ser más fuertes, más humildes, más sinceros y honestos con nosotros mismos. Tomar a veces el sendero que sube a la montaña nos aporta más beneficios de los que podemos creer, el principal es que en esa ascensión nos vamos desprendiendo de todo aquello que nos sobra, de aquello que está ocultando nuestro verdadero yo. Ese yo que hemos envuelto con la armadura y tenemos ahí, encerrado y aislado de todo y de todos.

Ese Camino, el del Sendero de la Verdad, obliga al caballero a pasar por diferentes castillos, el del Silencio, el del Conocimiento y el de la Voluntad y la Osadía... solo siguiendo ese sendero logrará su objetivo.

¿Es fácil?
¿Lo conseguirá?
¿Qué enseñanzas ocultas encierra cada castillo?

Y la gran pregunta... ¿por qué?

Las circunstancias hacen que seamos conscientes de qué cosas nos limitan o impiden que demos el cien por cien de nosotros en lo que hacemos, y ahí es donde decidimos qué sendero seguir. Elegir el fácil, seguir igual, y seguir adelante, sin cambios, o esforzarse y tomar el sendero más dificil, emprendiendo así la transformación necesaria para mostrarnos tal cual somos, desnudos, sin armaduras que nos limiten, que nos aíslen de los demás, que nos obstaculice el paso... Porque sabemos que es necesario liberarnos, por nosotros mismos y por aquellos que amamos.

El caballero de la armadura oxidada tiene muchas pruebas que pasar, mucho que descubrir y aprender, mucho que reconocer de sus errores y sus actitudes, pero está dispuesto a ello por amor. 

Por amor hay que estar dispuesto a vencer las pruebas, a mejorar, a transformarnos para ser quienes realmente somos, querernos más a nosotros mismos para así poder querer mejor a los demás. Por amor hay que ser valientes, confiar y subir con coraje y decisión ese sendero de la montaña y cruzar todos los castillos y superar todas las pruebas, porque si no es por amor... entonces ¿por qué?


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