jueves, 8 de agosto de 2013

¿Por qué?

Si hay alguna pregunta que ocupe el primer lugar del top ten de las preguntas, sería ¿por qué? 

Desde niños, nuestra primera preocupación es saber el porqué de todo lo que nos rodea, y cuyas respuestas no siempre supieron resolver nuestros padres, o incluso nosotros, hoy en día, somos incapaces de dar respuestas que satisfagan esa curiosidad infantil.

No creo en los "porque sí", ni en los "porque no". Todo tiene un porqué. Leía hace unos días una cita que decía algo así como que "si sabes por qué estás enamorado, es que no estás enamorado".
Es evidente que en el amor hay mucho de "incomprensible" e "inexplicable", pero también tiene muchos porqués, muchas razones y motivos que hacen que queramos a alguien. (Por treinta y dos razones).

Para llegar hasta la Plaza del Obradoiro, y presentarnos ante el Apóstol Santiago, tuvimos que recorrer casi 200 kilómetros, algunos en llano, otros en pendientes ascendentes, otros en pendientes descendentes, por terrenos asfaltados o de tierra, bajo el sol y el calor o bajo la lluvia... el Camino se tuvo que recorrer con sus vicisitudes para poder llegar y ver con claridad la fachada de la Catedral de Santiago. ¿Y por qué? Porque era nuestro objetivo, era nuestro sueño, era lo que nos motivaba cada mañana para ponernos en pie tan temprano, porque era en lo que pensábamos cuando mirábamos al frente y solo se veía carretera y más carretera.

Descubrir los porqués de algunas cosas puede ser mucho más sencillo de lo que pensamos. Pero como he oído en ocasiones, "lo que es fácil de hacer, también es fácil de no hacer."

En ocasiones el miedo nos ciega, imposibilita que veamos con claridad lo que nos rodea, y nos agobiamos innecesariamente, cometemos errores y no vemos la salida a los mismos. Como se suele decir, los árboles no nos dejan ver el bosque. Para contemplar la belleza de ese bosque es necesario alejarse un poco y observarlo desde la distancia, y admirando su magnitud y belleza global, al volver a acercarnos podemos descubrir más en detalle la grandiosidad de un árbol, la belleza de una flor, el milagro de la vida, descubrir al fin todos esos detalles que conforman el bosque.

Por desgracia, eso me pasó a mi. Envuelto en mi armadura no veía la belleza del bosque en el que me encontraba, era consciente de ella pero no la disfrutaba y vivía en plenitud.

Fui consciente de ello, y he trabajado para deshacerme de esa armadura, de esos miedos, de esa ceguera que no me permitía avanzar disfrutando de los detalles que la naturaleza nos regala en el bosque. He ido quitándome piezas, desnudándome, mostrando mi interior, exponiéndome cada día más. Lo he hecho por este medio, escribiendo y mostrando públicamente ese proceso de búsqueda interior, de sacar mi esencia de nuevo a relucir.

¿Por qué? En primer lugar porque esa armadura es muy pesada de cargar, impide que me hagan daño, sí, pero también impide que se acerquen a mi y yo poder acercarme a los demás. Y no es lo que quiero ni deseo. Quiero caminar y avanzar libre de cargas, siendo yo mismo, con mis cualidades y defectos, pero sin mis miedos.

Bien podría haber permanecido con mi armadura e ir en busca de nuevas tierras, de nuevos castillos y de nuevas princesas, pero no he podido ni he querido. ¿Por qué? Porque el corazón tomó las riendas y orientó mis pasos.

¿Por qué ahora? Es evidente que esto no es un proceso de un día, ni por un solo acontecimiento que haya removido mis cimientos, ya esto venía de antes, pero, como en muchos casos, precisó de cierta distancia y añoranza para espabilar y ensuciarme las manos de una vez, de no querer posponer más tiempo lo que ya sabía que tenía que hacer. Luego ciertas situaciones han servido como señales inequívocas de que desprenderme de la armadura era la correcto, pues la vida pasa más deprisa de lo que queremos creer, y no podemos seguir perdiendo el tiempo sin actuar. Me cansan esas películas o series donde los personajes no resuelven sus conflictos por no afrontarlos claramente, donde se pierden el uno al otro por no pasar por el proceso de desarmarse, por no escuchar a sus corazones y vencer los miedos y la timidez o vergüenza de reconocer lo que sienten el uno por el otro.

Tengo cientos de porqués, algunos motivados por tí, otros por mi, otros por mi condición de padre... pero todos juntos han salido a la luz y me muestran que estoy en el buen camino, y el principal porqué... porque me he liberado. 


(Recomiendo "El caballero de la armadura oxidada" - Robert Fisher)

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