viernes, 9 de agosto de 2013

Perseidas

Cuentan, que en el momento de su martirio, en una hoguera, San Lorenzo derramó lágrimas.


Su festividad se celebra el 10 de agosto, y dicha fecha coincide con una de las lluvias de estrellas más populares, y que se conocen como Lágrimas de San Lorenzo o Perseidas.

Subir la mirada al cielo, perdernos en la inmensidad del universo, soñar con tocar las estrellas... desde que el hombre es hombre el cielo de la noche ha sido objeto de estudio, de observación. Ha sido el lugar donde focalizamos nuestros sueños y deseos. Es en esa luz titilante de las estrellas donde acomodamos a aquellos seres queridos que ya no nos acompañan y que desde ahí cuidan y velan por nosotros.

Las estrellas también han constituido y constituyen puntos de referencia para los navegantes, peregrinos o aventureros, que saben interpretar el mapa celeste y que hacen uso de él para no perderse y llegar a su destino (obviando los adelantos tecnológicos).

Así nosotros también necesitamos de una Estrella del Norte, que nos guíe, que nos sirva como referencia para orientarnos, saber dónde estamos, o saber hacia dónde nos dirigimos. Necesitamos a alguien que nos recuerde cual es el Camino a seguir, que nos  acompañe y que cuando nos perdamos sepa indicarnos el Camino correcto.

Tengo la impresión que en los tiempos que corren, las estrellas son demasiado fugaces, que hay quien vive en un constante lluvia de estrellas, todas fugaces, sin retener ninguna, sin poderlas fijar como guía.

Yo hablo de una estrella, de La Estrella... de aquella que te ilumina con su presencia, aquella que hace que la sigas porque te fías de ella, porque sabes que indica el Camino correcto, aquella que día tras día permanece.

¿Tienes tu Estrella?

Estrella... Angel... Héroe... Otra de las razones.

Mañana, cuando observe el cielo, cuando las estrellas lo iluminen, cuando atraviesen veloces el horizonte, mis deseos serán para contigo, para ti... y querré que estés a mi lado, de la mano... ¿Te animas? ¿Lo contemplamos juntos?

"Aquella noche, cubiertos por la transparencia del techo de tu coche, observábamos el cielo estrellado juntos por primera vez, desde las alturas de la isla, y sorteando el frío de las fechas. Las estrellas vigilaban esas primeras citas, cuidaban de nosotros y hacían de registradoras notariales de los acontecimientos emocionales que allí, bajo su manto, estaban naciendo."

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