domingo, 28 de abril de 2013

Día siete

(Domingo 03/06)

confesión, perdón, penitencia...

by AyA

Amanece en el Monasterio, cuya visión a la luz del alba le da un aspecto espectacular.
Dolor, dureza, esfuerzo, resignación... son muchas las sensaciones en los primeros kilómetros del día. Hasta que el dolor es tal que insensibiliza el pie, todo es un calvario.
Luego, caminar, paso a paso, metro a metro, kilómetro a kilómetro.


by AyA
Somos los primeros en llegar al albergue municipal, junto con unas peregrinas koreana y rusa que siguen el mismo Camino y hacen las mismas etapas.
El Camino es internacional, de eso no cabe duda, ayer en el Monasterio descubrimos a un monje koreano que ejerce allí su devoción, hoy en el albergue más peregrinos procedentes de Rusia, eso sin contar ingleses, austriacos, alemanes... El Camino es Universal.

20:00, es domingo, así que aprovechamos a visitar la iglesia, y dispuestos a participar de la misa, aunque previamente me decido a recibir el sacramento del perdón, de la penitencia... muchos no lo entenderán, pero había algo que me empujaba a hacerlo, sentía la necesidad. Y aunque el examen de conciencia fue breve, el resumen de las faltas me sirve para recibir la absolución y la imposición de la penitencia, la cuál cumpliré mañana, evidentemente con el propósito de enmienda (firme resolución de no volver a cometer los mismos errores).

Independientemente del sentido que la Iglesia Católica y los cristianos le dan a la Confesión, el acto de reflexionar sobre lo que hemos hecho bien o mal en nuestra vida, el reconocer que nos hemos equivocado, el pedir perdón por ello y sobre todo proponernos no volver a hacer daño o a no errar en lo mismo, es algo cotidiano en muchas personas de diferentes creencias, o al menos debería serlo.
by AyA
No es fácil reconocer que nos equivocamos, más difícil es expresarlo públicamente y pedir perdón a aquellos que hemos dañado, y quizás lo más complejo es conseguir no volver a hacerlo.

No somos perfectos, erramos, más de lo que quisiéramos a veces. Hacemos daño a quienes nos rodean, y en muchas ocasiones los peor parados son aquellos que nos rodean y nos quieren, por eso el pedirles perdón es fundamental, reconocer que somos falibles y que nos arrepentimos del daño ocasionado.

El pedir perdón implica arrepentimiento, reconocer nuestros errores y hacer propósito de no repetirlos. 

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