viernes, 26 de julio de 2013

Cuaderno de bitácora

seguir la ruta correcta

Cuaderno de bitácora... han transcurrido 194 días desde nuestra partida. En estos últimos días las nubes de tormenta parecen darnos un respiro, el mar ya no embiste nuestra embarcación de forma tan violenta, y aunque sigue estando gris, y las olas aún inúndan la cubierta, hay señales que indican que todo puede mejorar. 

Al iniciar este viaje me receté tiempo, abstinencia y soledad, pero también ilusión, esperanza y confianza.

La medida del tiempo es algo que, aunque fácil de medir, es difícil de precisar. Hay días que se antojan eternos, en los que las labores de mantenimiento y los trabajos diarios no son lo suficientemente absorbentes como para que las horas pasen inadvertidas... cada mirada al cielo, ubicando la posición solar, provoca desesperación y desasosiego, pues el tiempo pasa muy lentamente, y eso implica que me acerco a buen puerto igual de lentamente.

La abstinencia y la soledad me han ayudado a discernir mejor los motivos por lo que me veo embarcado en estos momentos; las causas y los errores que hicieron de mi, un marinero no vocacional. Descubrir el origen de las cosas nos da una visión más amplia de los objetivos que queremos alcanzar, de lo que estamos dispuesto a hacer para lograrlo y disfrutar cada minuto de los regalos que se nos han dado. Encontrarnos en la soledad ayuda para abonar todo aquello que estaremos dispuestos a aportar al llegar a tierra firme y retomar el Camino.

no perderé el norte
También me ha ayudado a interpretar mejor la brújula de mi vida, a no perder el norte absurdamente, a leer correctamente los mapas y a no desviarme de la ruta por caprichos absurdos.


La ilusión me anima cada día a rellenar estas líneas, a encontrar en mis sueños la inspiración necesaria para expresar por escrito todo lo que experimento y siento, y gracias a esta válvula de escape, libero mi alma de la opresión de la distancia, mitigo el dolor de la incomunicación.

Confío y tengo esperanzas de llegar cuanto antes a destino, poder atracar en el puerto que añoro y que hace ya meses dejé de vislumbrar, aunque siempre me ha acompañado. La esperanza hace de cada jornada, una jornada menos para llegar a casa, hace de cualquier señal un asidero vital para sobrevivir en esta travesía... 

Confío en que el tiempo siga mejorando, que las señales sean cada días más claras, que la distancia se vaya acortando, en retomar el Camino con la misma ilusión, y aunque sé que estará lleno de pruebas y de dificultades soy consciente y asumo plenamente el reto, el premio que lograré lo merece con creces.


Lo importante tras estos días en la mar, dónde el naufragio ha rondado varias veces, es que seguimos a flote, con mucho que reparar en las estructuras del navío, pero que con buenos carpinteros y con algo de tiempo se logrará dejar reparado, y como siempre, aprovechando reparaciones, mejoraremos muchas más cosas, con lo que este barco que nos cobija será mejor, soportará mejor las inclemencias del tiempo y de la vida... garantizado.

 Un peregrino en la mar



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