martes, 9 de julio de 2013

De ángel a demonio

Proteger... esa es la función que tienen asignada los ángeles. Seres inmateriales, mensajeros divinos de gran pureza.


La presencia de ángeles entre nosotros, inmateriales o no, nos predispone a aceptar que de una forma u otra estamos protegidos, o al menos eso queremos creer, y como bien sabemos, la fe es profundamente personal y subjetiva.

¿En cuántas ocasiones hemos sentido esa  presencia protectora?  

Los ángeles están presentes en multitud de aspectos que nos rodean a diario, artísticos la mayoría de ellos. Creemos que algunas personas que forman parte de nuestra vida asumen ese rol de ángel de la guarda, de ángel custodio, de protector. Confíamos en ellos, abrazamos la idea que transmiten y sentimos el calor de sus alas sobre nosotros, ganamos confianza y por lo tanto nos sentimos seguros.

¿A quién no le gustaría tener su propio ángel custodio?

Lo que es un hecho incontestable es que todo tiene su contraposición, todo tiene sus dos lados, y en el caso de los ángeles existe la del ángel caído, desobediente, rebelde, expulsado de la tutela divina... génesis de los demonios. 





La soberbia hizo que Lucifer, portador de la luz, descendiera a los infiernos y se convirtiera en Satanás.

Caer es fácil, pasar de Ángel a Demonio por nuestras debilidades o errores no es tan difícil.

Cruzar la línea del bien y del mal puede ser lo más sencillo del mundo, pasar de héroe a villano puede ser cuestión de un momento de debilidad. 

En nuestro Camino no es sencillo dar con personas que ejerzan de ángeles custodios, personas en las que confiar y con quienes sentirnos protegidos.  Encontrarlas es todo un lujo, una bendición. 

De la misma manera, hemos de estar prevenidos porque los demonios también acechan, se abalanzan sobre nosotros o incluso salen de nosotros mismos, y esos, sin duda alguna, son los peores demonios que podemos encontrarnos, los propios, los que nos atormentan en nuestra soledad, los que nos hacen no ser tan buenos como quisiéramos, los que hacen que el orgullo, la soberbia, el odio y el rencor, no nos dejen avanzar, impiden que alcancemos nuestras metas.

Vencer a los demonios, sacar nuestro ángel, sentirnos protegidos, pero a la vez ser capaces de proteger, de cuidar, de vencer al lado oscuro que todos, sin excepción tenemos, esa debe ser la aspiración... volver a ser un ángel, tu ángel.



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