martes, 23 de julio de 2013

La rendija


"El pasillo, estrecho y completamente a oscuras ejerce una presión brutal sobre mis sentidos, todo se afina para intentar encontrar una salida, palpas a derecha e izquierda, hacia arriba y hacia abajo, buscas en la pared algo a lo que asirte o incluso algo que pueda ceder y que permita que la oscuridad remita. Avanzas paso a paso, torpemente, con miedo a tropezar, sin saber si hay objetos en el suelo o algo a media altura que ponga en peligro tu integridad física... y cuando más negro lo ves todo, cuando la ceguera te trae loco, de repente, el quicio de una puerta, la cual dabas por inexistente ya a estas alturas, se abre lo suficiente para arrojar un pequeño haz de luz... Ignoro si son visiones, si mi cerebro desesperado proyecta esa ilusión y la transmite a mis sentidos, o si es real, si es lo que llevaba todo este tiempo confiando en ver, esa pequeña luz, que ilumina mi ánimo y sosiega mi corazón (aunque palpita más urgentemente que antes debido a la emoción).

Tras muchos tropiezos, tras multitud de intentos por arrancar las paredes que conforman este largo, estrecho y sinuoso pasillo, por fin, esa mínima partícula luminosa devuelve la sonrisa a mi rostro, aunque lejana e incierta es lo suficientemente real como para confiar nuevamente que el camino ingrato recorrido puede finalizar de la mejor de las maneras."

Ya hemos hablado aquí de la motivación, de las ilusiones, de la esperanza, de los factores que son parte ineludible de un buen Camino, de la necesidad de que se den todos ellos para sobrellevar la dureza y las pruebas que iremos encontrando en el recorrido... siempre, siempre, tras las nubes está el sol, tras la noche llega el día... ignoro si serán el sol y el día que anhelo, pero serán un sol y un día que aparecerán ante mis ojos. Ignoro cuanto pasará hasta que alcance la puerta, hasta que se abra más y deje pasar más luz. Lo que si sé es que avanzaré paso a paso hacia ella, al ritmo necesario para que no se escape pero con el ansia de escapar del frío de la oscuridad y lanzarme en sus brazos y perderme, ahora sí, para siempre entre ellos.


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