sábado, 27 de julio de 2013

El piano


Un piano posee 88 teclas, 52 blancas y 36 negras. Los que somos analfabetos musicales quizás ignorábamos ese detalle, aunque seguramente no había escapado a nuestra percepción que los pianos poseían esos dos tipos de teclas.


Hace meses descubrí a un compositor contemporáneo, cuyas obras me acompañan casi a diario, parte de la terapia reflexiva que he adoptado, y también como banda sonora de este blog, su música me ayuda a que las palabras fluyan mejor, escribo, escribo y escribo y no soy escritor, pero esta "declaración de objetivos" surge, como ya he comentado anteriormente, de un nuevo yo, rescatado y en proceso de recuperación, y los pensamientos y sentimientos que aquí expreso, lejos de avergonzarme, hacen que me sienta orgulloso de lograrlo, hacen que me libere, y que a la vez sea consciente de muchas cosas al manifestarlas por este medio. 



Música de piano, alegre y nostálgica a la vez, combinación de colores, quizás de estados de ánimo, blancas y negras, combinación final en una composición que nos transporta, que nos coge de la mano y nos adentra en lo más profundo de la emotividad, cerrar los ojos y visualizar todo aquello que nos importa, viajar a donde nos proyecte de forma libre, sin ataduras, sin miedos...

Cuando escucho el piano, no puedo, ahora sabiendo el número de teclas de cada color, dejar de pensar que combinando blancas y negras se produce un resultado final que puede afectar a todos los estados de ánimo, y que sin duda tiene como resultado una obra de arte.

Quizás el balance de la vida se resume en un teclado de un piano... momentos "blancos" y momentos "negros", pero que sin duda, ambos hacen de la experiencia vital una gran composición, y eso logra que entendamos que los momentos "blancos" son más que los "negros", que se necesita de ambos para lograr el resultado, que hay que asumirlo, vencer los miedos, y aunque los acordes anteriores fueran desgarradores, los siguientes pueden enaltecer nuestro espíritu y nuestro ánimo.

Los miedos... ¿quién no los tiene? 

Atreverse con una melodía de blancos y negros necesita de valor, del coraje suficiente para sentarnos delante del piano, y dejar que la música nazca de nuestras manos, de nuestra cabeza, pero sobre todo, de nuestro corazón. No hay miedo ni dificultades que valgan, es encontrar la inspiración y la fuerza, es buscar en nuestro interior y ver las notas musicales ahí, claras y nítidas, esperando ser empleadas para deleitarnos con la felicidad y el orgullo de una obra sublime, y cuyos compositores somos tu y yo.

PD. Perder los miedos... ahora lo se.

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